Benigno se acostumbró pronto a la dura vida
rural. Había nacido una tarde brumosa de octubre en Bergantinos, donde la
muerte da nombre a una costa. Su padre era marinero, pero no un marinero cualquiera,
pescaba ballenas cuando en aquel lugar a las ballenas les gustaba protegerse
del bravo mar frente a los altos acantilados. Nicanor, que así se llamaba su
padre, era un duro hombre de manos recias, cara de pocos amigos, el alma helada
por los crudos inviernos en la mar y un olor a rancio producido por la grasa
de ballena y que aunque se aseara jamás
se le iba del cuerpo. Benigno se crió correteando por el pueblo, ayudando a su
madre a pelar patatas, a golpear los pulpos para que se ablandaran y colegio,
pero poco.
.jpg)