La tarde era una tarde más en aquel lugar como tantas otras.
El hastío, la soledad y la indiferencia campaban a lo ancho y alto como
cada día. Allí estaba ella arreglada, bella, perfumada y tan reluciente
como siempre. Espaciosa y luminosa se le veía de fácil trato. Un trato perdido.
Desde hacía un tiempo y cada vez más la
soledad le invadía, la gente la ignoraba y
el protagonismo que desde su nacimiento tuvo ya solo era un mero
recuerdo y toda esa actividad mundana, se limitaba a esporádicas visitas de
trato corto.
