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viernes, 7 de febrero de 2014

SOLO PARA TUS OJOS


Cuando aún no acababa de despertar el día, cuando aún las calles estaban casi vacías y cuando todavía los autobuses con el futuro del país dentro no las habían invadido, él, se encaminaba como cada mañana ha recorrer el camino de siempre. En ese recorrido poco a poco su pulso se iba alterando y el oxigeno de su sangre se hacía cada vez más escaso y curiosamente no era por la distancia recorrida. En ese trayecto, viaje a lo desconocido, su papel de era el de un navegante sin planos, sin visibilidad y sin saber si el puerto será refugio de peligros o una playa en calma. Rostros adormilados, corazones llenos de hastío, nada que ver y nada nuevo que esperar se iban cruzando frente a sus ojos.  Sus pasos iban cada vez controlando más su velocidad para llegar al punto de encuentro en el  momento exacto, justo en el instante oportuno. Ese instante que se repetía cada día, cada mañana, en el mismo lugar y a la misma hora.